"Mujer, no dejes que nos maten el alma antes de tiempo"

Javiera…

No me conoces. No soy militante de nada. Nunca lo fui.

Hoy es la segunda vez en mi vida que mis ojos te ven de cerca. Muy cerca. Y mi corazón te abrazó.

La primera vez - si mal no recuerdo- fue en el 87 en un pasillo de la Vicaría mientras correteabas jugando con otros niños… Manuel_Guerrero_y_Mar_a_Maluenda.jpg

Con Estela nos habíamos hecho un espacio en un pasillo más solitario para hacernos  una especie de sala de estar para nuestro privado encuentro.

Yo le había pedido que me recibiera – le dije lo mismo que hoy a ti, no me conoces,  yo soy sólo una persona, una mujer de este país que tiene el alma desgarrada por el zarpazo que quitó pedazos sagrados a tu familia.  

Poco nada puedo hacer para abrazarlos entrañablemente… es curioso eso,  no somos nada… pero igualmente hemos sido ¿sólo metafóricamente? desgarrados.

Como decía este mediodía Soledad Parada - en una Oda a la Valentía y a la Honestidad de su Madre, el más bello poema que haya yo escuchado,  ella, María Maluenda,  no concebía la vida de un modo individual. Pienso ahora, así es…  No es una familia individual la que fue herida.

Cuando ese  día 30 de Marzo de 1985 yo como tantos en Chile   escuchamos en la voz de María Maluenda  en la Cooperativa: “Mujer no dejes que nos maten el alma antes de tiempo”.  He olvidado a quién pertenecía la frase pero no el golpe en mi pecho y el llanto en mi garganta al oírla…  Esa voz,  ese corazón,  esa mujer,  esa madre quedó entonces para siempre en mi memoria… por eso no podía no estar presente hoy día en su despedida. ¿Cómo ese organillero pueblerino que rompió el silencio para acompañar su última salida memorable del antiguo congreso?

Al modo parecido… como ese día a mediodía del ‘87 cuando fui a cantarle la música que puse a un poema – que según Estela me explicó, era un papelito que José Manuel  le había escrito cuando pololeaban-  cuya música nació en mi en la misma fecha pero años después,  cuando su voz ya no estaba viva para cantarla… Ahora vengo a decir… Javiera…  No soy nada de ti ni nada de tu madre ni de tu abuela… y sin embargo forman parte de mi historia y hoy esta tarde mientras caminaba por Simón Bolívar canté por las calles del mismo modo que alguna vez creé la canción de tu papá para tu mamá… Esta vez canté para tu Abuela:  “Gracias a la Vida”…

Lo canté sola caminando por una calle de Santiago… fuerte y calmadamente,  así como hablaba Don Roberto… así sin guitarra. Porque me hice a la idea que María entró a su nuevo estado de Vida con  este Poema en sus labios… y yo lo canté igual como ese poema pa’ tu mamá.  

Mientras lo hago pienso en el amor con que te abracé con mi corazón a corta distancia igual que ese día que correteabas por los pasillos de la Vicaría.

No soy nada. Pero hoy lloré contigo y por ti… como más de alguna vez tantos y tantas – muchos más de los que tu y yo contemos. Porque somos Pueblo y en ese tejido el nombre de tu familia, tus amadas mujeres y tus amados hombres  nos engrandecen el alma. Un honor estar ahí para llorarlo y ahora aquí para dejarlo por escrito. 

Publicidad por Bligoo.com

Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS

mi web

 perfilweb.jpg

Comentarios recientes